No recuerdo exactamente de dónde salió esta receta, pero se quedó conmigo porque es de esas cosas simples que terminan siendo peligrosamente adictivas. Cremosa, suave y con muchísimo sabor.
La suelo servir con pan francés caliente para ir untando la salsa… y honestamente, para mí esa parte es casi lo mejor. También funciona como acompañamiento para carnes o pollo, pero como aperitivo se luce muchísimo.
Ingredientes
- 250 g de champiñones
- 1½ cebollas blancas picadas en cuadritos pequeños
- 1 diente de ajo picado o machacado
- 1 cucharada de mantequilla
- Un chorrito de aceite de oliva
- 1 cubo de caldo de pollo
- Sal al gusto
- 250 g de crema de leche (puedes agregar más si prefieres una salsa más cremosa)
- Un chorrito de vino blanco
- Queso parmesano al gusto
Preparación
- Corta los champiñones en láminas y colócalos en una sartén a fuego medio sin aceite ni mantequilla. Déjalos cocinar hasta que boten toda su agua. Espera a que el líquido se evapore y reserva.
- En otra sartén, derrite la mantequilla junto con un chorrito de aceite de oliva.
El aceite ayuda a evitar que la mantequilla se queme. - Agrega la cebolla picada y cocina hasta que empiece a dorarse.
- Cuando la cebolla ya esté tomando color, añade el ajo y sofríe unos segundos más.
No agregues el ajo desde el inicio porque se cocina más rápido y puede quemarse. - Incorpora los champiñones reservados y mezcla a fuego bajo.
- Añade el cubo de caldo de pollo, el vino blanco, la sal, la crema de leche y el queso parmesano.
- Revuelve y cocina unos minutos a fuego bajo hasta que todo esté bien integrado y cremoso.
- Apaga el fuego y deja reposar unos minutos antes de servir.
Notas
- Queda delicioso acompañado con pan francés caliente.
- Lo puedes preparar con varias horas de anticipación y calentarlo unos 30–40 segundos en microondas antes de servir.
- También puedes poner queso parmesano encima y llevarlo al horno para gratinar.
De esas recetas que hacen que alguien pruebe “solo un poquito”… y vuelva varias veces por más.






